A la hora de escoger un colchón nos fijamos mucho en su firmeza y comodidad, en su precio e incluso en su estética, pero pocos indagamos en cómo pueden afectar a nuestra salud los materiales de los que está hecho o qué impacto ambiental tiene su fabricación. Ya que pasamos un tercio de nuestra vida durmiendo y el sueño tiene una importante función reparadora en nuestro organismo, deberíamos intentar dormir en un espacio lo más saludable posible. Si el colchón, almohada o incluso la ropa de cama están llenos de químicos tóxicos, el sistema inmune tendrá que combatir estos en lugar de cumplir su función.

En los colchones convencionales de hoy en día están tratados con ciertos químicos, denominados retardantes de llama,  para reducir su característica inflamable entre los que se encuentran el formaldehído, el ácido bórico y la melamina. Estos retardantes de llama se acumulan en los tejidos de los seres vivos y según muestran las investigaciones, pueden tener efectos peligrosos para la salud, incluyendo alteraciones hormonales, cáncer, irritación crónica de los pulmones y los conductos nasales, problemas de la piel y dolores de cabeza.

Eligiendo  colchones y almohadas de materiales naturales eliminamos de forma fácil una gran exposición a químicos en el tercio de vida que nos pasamos durmiendo. Para ello es recomendable apostar por los  fabricados con materiales 100% naturales (y a ser posible ecológicos) como látex natural, lana, algodón, fibra de coco y cáñamo.